Capítulo 14
14
La noticia de “la comanche” siguió por algunos días. Alfredo ya estaba mejor y había regresado al grupo, aunque esta vez estaba muy callado y muy sometido a las decisiones del grupo. Alfredo sabía cortar el cabello y se había desempeñado como peluquero cuando trabajaba y algunas veces les cortaba el cabello a sus compañeros del grupo. Su edad no pasaría de los treinta y dos años y su caminar delataba que por algo había sido peluquero. Tenía unos gestos muy particulares y se rumoraba que tenía una amistad muy especial con Alberto, otro más del grupo. Dormían donde los tomara la noche, en la calle, debajo de la matica, o en el patio abierto de la Iglesia que quedaba en todo el frente del lateral de la puerta secundaria del cementerio de la ciudad. Era un poco mal expresado y desconsiderado con todos. Tal vez por eso los del grupo no se entristecieron mucho cuando lo de la noticia de “la comanche”, aunque sí se habían asustado porque “la comanche” era peligrosa.
La comanche estuvo más de un mes detenida y al salir todos la evitaban. Ahora andaba sola y más callada. Ella ya sabía que le tenían miedo y se apartaban de ella pero igual seguía ebria sentada en las aceras con el que decían que era su esposo, de iguales condiciones.
Pedro Pablo últimamente no había asistido a la matica. Tenía un familiar de un amigo delicado de salud y estaba dedicado a sus cuidados. El amigo era quien estaba pendiente de todos los requerimientos médicos y de chequeo y como su presencia daba bastante seguridad era quien se encargaba de darla en los momentos oportunos, como ese. El sobrino estaba atravesando unas crisis emocionales un poco desconcertantes. Apenas tenía once años de edad y según todos los estudios médicos y psicológicos parecía tener trastornos mentales. Se le habían hecho todos los estudios a nivel de cerebro y todo indicaba que estaba bien. Sin embargo, estaba presentando características propias de un niño autista. Se negaba a comer y a cualquier otra actividad y se quedaba en silencio hasta con movimientos repetitivos en un mismo lugar. La madre siempre estaba ocupada en su trabajo y llegaba cerca de las ocho o nueve de la noche y casi siempre no tenía tiempo para él. Todos atribuían sus males a esa carencia de afecto y de seguridad. Lamentablemente para ella y para el niño lo más importante era el trabajo. No le faltaba nada al niño en lo económico porque la madre ganaba bien, pero le estaba faltando lo más importante. Parecía tener trastornos emocionales difíciles de corregir porque no se habían dado en los momentos oportunos. Se había temido que se trataba de problemas neurológicos pero eran más allá de eso. Afecto.
Los del grupo ignoraban esa realidad por parte de la familia de Pedro Pablo. Y le tenía sin cuidado. Solo importaba la botellita y la matica.
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