Capítulo 15

 15


La cuestión que tenía a Pedro Pablo inquieto, además de lo de la salud del sobrino del amigo, y que era pasajera, era sobre la supuesta predilección de Dios hacia el pueblo judío. Encontraba en el Antiguo Testamento elementos de esa afirmación, como también elementos de una negación, como en los casos de las guerras y atrocidades del pueblo judío en contra de otras culturas. Aquí estaba la ambigüedad del pretendido hecho de ser escogidos por Dios. Dios era presentado como partidario de unos y contrario de otros. Y esto Pedro Pablo lo encontraba contradictorio. Se cuestionaba entonces todo lo que aparecía como historia de la historia del pueblo de Israel.

La contradicción que encontraba estaba, por ejemplo, en que por salvar a un pueblo se sacrificara a otro pueblo. Se preguntaba, ¿si los demás pueblos era merecedores de no existir en aras de prevalecer la existencia del otro, entonces, para qué Dios creo a los otros pueblos, por qué no creó a uno solo, así, sin más? Gran contradicción. Lo más cruel de esa contradicción estaba en que hacían presentar a Dios como quien daba las órdenes directas a favor de Israel y en contra de los demás pueblos. Aun en la actualidad porque estén esperando “el aviso” de Dios para la reconstrucción del templo y el sacrificio de la vaca roja que les dirá cuándo.

¿Dios en verdad le habló a ese pueblo y a los otros no? ¿Los otros pueblos, como integrantes de seres creados a su imagen y semejanza y agrupados como pueblos, no eran su misma creación? ¿Significaba que los creó a todos de igual manera y facultades, y, ahora prefería a unos y a otros rechazaba, si no eran, acaso, obra del mismo Creador? La idea de la predilección de Dios por un pueblo no entraba en su línea de justicia humana. ¿O, Dios se había equivocado o todo eso era invento, precisamente de los judíos? Pedro Pablo se hallaba muy confundido. Creía en Dios. Pero en lo que ya no estaba creyendo era en Israel y en que fuese escogido con gran predilección por Dios. Eso ya era otro tema y muy delicado.

Lo del Mar Rojo y el paso de los judíos “a pie enjuto” (sin mojarse los pies) y el mojarse todo el ejército egipcio hasta ahogarse y morir, en aras de salvar a uno y exterminar al otro, no le entraba por la lógica mental, ni en lo más mínimo. ¿Podría actuar Dios de esa manera? Según el relato del Antiguo Testamento, sí. Pero esa era la historia judía contada por judíos. ¿Sería esa la lógica teológica real? Si es la lógica teológica real, entonces, Dios estaba equivocado. Pero, si no es sino la lógica guerrerista de Israel, entonces, han engañado al mundo y de qué manera utilizando un aliado que no es su aliado, sino por la conveniencia para justificar una atrocidad, a las muchas habidas en su historia. ¿Se va a manifestar Dios, en caso de manifestarse, en contra de sí mismo y de su creación? A este punto Pedro Pablo recordaba la obra de Fiodor Dostoyevsky, Los hermanos Karamasov, en esos diálogos largos y sabrosos sobre Dios y se quedaba con la mirada distraída al pensar tantas cosas sobre Dios, y no sabía por fín en qué pensar. No llegaba jamás a dudar de su existencia porque se repetía con Voltaire y con Dostoyevsky que si no existe, entonces, hay que inventarlo para hacer de este mundo más humano y vivible, además de mantener presente la idea de la realidad impelente en lo creado que propone Xavier Zubiri. Pero si existe, no porque el hombre se lo haya inventado como necesidad explicativa de la existencia, sino porque es, ¿sería que Dios se parcializa como se ha parcializado como en la historia de Israel, tanto del Antiguo Testamento, como en los tiempos actuales? Aquí era donde Pedro Pablo tenía muchas inquietudes respecto a los judíos de todos los tiempos y los clasificaba como una etnia humana muy especial. No sabía si realmente bendecida por Dios o Yahveh, o por la naturaleza. Aquí estaba el centro de todas sus inquietudes.

¿Los judíos sabían lo adelantados que eran a nivel de pensamiento y de desarrollo de sus mentes y habían tomado la delantera para llegar a la idea de Dios, precisamente, para desde la experiencia de lo religioso y de la religión dominar las conciencias humanas? ¿Sería lo religioso un instrumento más, y el más purificado y fino para poder dominar las mentes, los pensamientos y los corazones de la raza humana, y los judíos habían llegado antes que otras culturas y civilizaciones a esas deducciones? A este punto Pedro Pablo recordaba el aporte de Teihard de Chardin de que ya el hombre logró su máximo desarrollo cerebral como estructura y que ahora le corresponde crecer en conciencia, que es el desarrollo al que tenderá en su proceso de evolución, y los judíos ya estarían en esa segunda fase en ventaja a las demás culturas. También recordaba a Simon Freud y su aporte y pensaba que la experiencia de la religión y lo religioso, tal vez no fuese tan descabellado y que todo eso obedecía a la famosa experiencia del complejo de Edipo (o el complejo de Electra, según Carl Jung), donde tiene su origen, y, entonces, el hombre, al sentirse incapaz de soportar su debilidad y su abandono frente a las exigencias de la naturaleza y de la sociedad, se refugia en una regresión infantil e inventa un Dios que le protege: se agarra a su padre, esta vez poderoso. La religión sería, para él, una neurosis obsesiva. Neurosis colectiva. A Pedro Pablo le había impresionado leer en uno de los tratados de Simon Freud que por qué tenía que ser un judío ateo el que tenía que ser el fundador del psicoanálisis, según las palabras del propio Freud. La religión es una proyección del hombre de su finitud.

Con toda seguridad Pedro Pablo no entendería muy bien, ni siquiera bien, lo de Freud; pero al mirar los hechos que estaban aconteciendo y eran la continuación de toda la historia de Israel, tanto en el Antiguo Testamento, como en los momentos históricos presentes, no sabía si era mejor ser judío ateo que judío creyente. Él no era judío. Pero pensaba que para los judíos era mejor no ser creyentes porque toda esa historia de guerras era por asuntos religiosos y de fe. Lo de la vaca roja, lo del tercer templo de Jerusalén y su construcción, lo de la tierra prometida, y todas esas cosas, no eran sino por fe. Entonces llegaba a pensar que los judíos ortodoxos y peor aún los ultraortodoxos estaban haciendo mucho mal en aras de una supuesta predilección de Dios. ¿No serían los judíos creyentes, los ortodoxos y ultra, la negación de la misma humanidad en aras de una supuesta fidelidad a Yahveh, quien había firmado supuestamente un pacto con ellos? ¿Sería eso lógico y congruente o una mentira más a las muchas que ya existen al respecto? A este punto Pedro Pablo pensaba en la ruptura de Jesús de Nazareth con la parte dura de los judíos de su época y se alegraba al ver que Jesús de Nazareth proponía el perdón de las ofensas y la poca importancia del templo de su época y la poca importancia de los ritos y demás usanzas de sus contemporáneos. Pedro Pablo era creyente pero a veces encontraba en esa misma calificación una atadura. Tal vez el demasiado materialismo de los no creyentes o ateos era más humano que el espiritualismo de los más aferrados a principios religiosos. El caso del Israel de todos los tiempos evidenciaba que Pedro Pablo no estaba del todo equivocado.

Pedro Pablo también recordaba algo de Carlos Marx, también judío y también ateo, quien había tomado de Feuerbach el materialismo y el ateísmo. Marx sostenía que la negación de Dios es indispensable para la construcción de un verdadero humanismo y que Dios no es sino fruto de la alienación del propio hombre, quien cree en un cielo irreal. La famosa frase que “la religión es el opio del pueblo” que era de Feuerbach y usaba Carlos Marx resonaba en el espíritu inquieto de Pedro Pablo por esos días en que veía lo que veía en la despiadada invasión de Israel en Gaza. Recordaba más o menos las ideas de Marx respecto a la religión y pensaba igual al pensar que la miseria religiosa, es, por una parte, la expresión de la miseria real y, por otra, la protesta contra ella. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo. Y esa idea de que la religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu, se evidenciaba en las atrocidades contra la humanidad, tanto en El Líbano como en Gaza, o en los mismos mundos africanos, que no eran sino la práctica de la misma verdad, aunque en tierras que en apariencia no tenían nada que ver con el conflicto árabe-israelí, pero que eran la misma realidad, por caminos distintos, al fin y al cabo. Era cruel pero, tal vez, Marx tendría razón al pensar que la religión, en cuanto eco ideológico, es la "conciencia invertida de un mundo invertido"; es decir, que no es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia. Y volvía a pensar en Chardin y se preguntaba, ¿será la conciencia y su desarrollo lo realmente evolucionado? Entonces, la evolución llegaría inevitablemente a un estado de involución, es decir, de retroceso. Quizás lo que en Erich Fromm se llamaría la biofilia y la necrofilia, como procesos naturalmente opuestos. Y eso lo entristecía. La historia de las grandes civilizaciones y de los grandes poderíos como Roma, Inglaterra, Alemania, y actualmente Estados Unidos de Norteamérica han llegado a un estado máximo de evolución, tanto en las conquistas sobre los derechos humanos, como en el dominio y en el poder; han llegado inevitablemente también a un estado de involución. Entonces, ¿evolución-involución irían juntos, como biofilia y necrofilia? Llegar a defender a como dé lugar todos los derechos de la persona humana, ciertamente, es el máximo de la evolución de la conciencia. Y tendría razón Chardin, pero también Jesús de Nazareth, que es el modelo de esa evolución. Y desde aquí se espera que todo sea en función del hombre por el hombre, prevaleciendo el hombre, es decir la dignidad de la criatura. Maravilloso. Pero el problema es que eso que es lo máximo se ha pisoteado y es, entonces, cuando ha sucedido la involución. Y todo eso en aras del poder. Luego se podría llegar a pensar que la piedra de tranca para el máximo de la evolución es el poder, pues el poder y su mantenimiento arrasa despiadadamente todo lo caminado en el crecimiento de la conciencia que es evolución. Entonces todos los mecanismos creados por el hombre para mantener vigente esos adelantos de la evolución es cuando deberían sobreponerse ante el más mínimo intento de su violación. Pero no es así. La ONU, lamentablemente era el ejemplo.

Son famosos algunos judíos por su ateísmo, como Baruch Spinoza, Albert Einstein, Sigmund Freud, Emma Goldman, Jacques Derrida, Woody Allen (Allan Stewart Konigsberg), entre otros. Pero la pregunta era si sería mejor para los judíos ser ateos o creyentes. Los judíos ateos han hecho realmente muchas contribuciones a la humanidad. Pero la historia del Israel de la fe del Antiguo Testamento de todos los tiempos estaba, por otra parte, reafirmando que podrían ser la antítesis de la humanidad. Era muy duro pensarlo, pero los hechos eran los hechos. Menos mal que Abraham no sacrificó a su hijo Isaac, según se cuenta en los libros del Antiguo Testamento, porque eso hubiese significado que Yahveh necesitaría desde entonces sacrificios humanos. ¿Pero los necesitaría verdaderamente Yahveh o sería que ellos nos lo presentarían como requisito para agradar a Yahveh en contra de la misma humanidad? Menos mal que sólo era una vaca la que se ofrecía en sacrificio. ¿O, es al hombre, más bien, lo que se está sacrificando en aras de un supuesto pueblo escogido? ¿Dios sería antropófago o Israel, en ese caso? Menos mal que Abraham no sacrificó a su hijo Isaac. ¿O, sí?

Pedro Pablo estaba realmente zambullido en asuntos muy delicados . Mucho de delicados.

¿Pero sería posible concebir la idea de un judío no creyente, si es precisamente, su fe lo que lo identifica como judío? ¿Se podría concebir la idea de un judío sin relación con la Torah? A tal punto algunos pensadores judíos llegaban a cuestionarse que si los mismos fundadores del sionismo como Ben Gurión y Golda Meir, los creadores del Estado de Israel en Tel-Aviv, a pesar de ser ateos, ¿podrían considerarse “judíos genuinos”? Clasificando como “judíos genuinos” a los creyentes fieles a la religión de Moisés, como la Torah. El mismo Woody Allen a pesar de ser ateo declarado también es considerado un judío genuino. ¿Entonces, qué identifica a un judío, su fe, o su sangre? Y en el caso de la invasión, ¿quiénes hacían la guerra, los sionistas porque buscaban volver a la tierra prometida, y eso no es pura fe y conservación de sus raíces étnicas, o los ortodoxos? ¿O los dos juntos, a la hora de la hora? ¿Y, entonces, sería imposible separar de un judío esas realidades porque, al fin y al cabo, es la misma cosa, disfrazada de ateísmo o disfrazada de fundamentalismo?

No era nada fácil el mundo de preguntas que se hacía Pedro Pablo.

Otro mundo de pensamientos que llegaban a la lógica de Pedro Pablo era el ¿por qué han expulsado a los judíos de todos los lados, siempre? ¿Por su fe? ¿Por sus prácticas? ¿Por su ingenio? ¿Por ser más adelantados en todos los aspectos del pensamiento humano? ¿Por ser escogidos por Dios o porque ellos escogieron a Dios a su manera y conveniencia y han llegado siempre a lo que han llegado, a manipular con fábulas, como muchas de las contadas en la Biblia, como preparadas y firmadas por el mismo Dios, su Dios, y no el Dios-Dios? Un hecho curioso en los mismos orígenes del pueblo de Israel es el mismo nombre de Israel que le es entregado que quiere decir "aquel que lucha con Dios", por lo menos es lo que dice el texto del Antiguo Testamento: Génesis 32, 25-31: “Y habiéndose quedado Jacob solo, estuvo luchando alguien con él hasta rayar el alba. Pero viendo que no le podía, le tocó en la articulación femoral, y se dislocó el fémur de Jacob mientras luchaba con aquél. Este le dijo: «Suéltame, que ha rayado el alba.» Jacob respondió: «No te suelto hasta que no me hayas bendecido.» Dijo el otro: «¿Cuál es tu nombre?» - «Jacob.» - «En adelante no te llamarás Jacob sino Israel; porque has sido fuerte contra Dios y contra los hombres, y le has vencido.» Jacob le preguntó: «Dime por favor tu nombre.» - «¿ Para qué preguntas por mi nombre?» Y le bendijo allí mismo. Jacob llamó a aquel lugar Penuel, pues (se dijo): «He visto a Dios cara a cara, y tengo la vida salva.» ¿De cuál Dios hasta dominarlo, el Dios al que somete Israel, o al Dios-Dios?

Se pudiese aplicar la máxima de si los votan de un solo lugar, el problema podría estar en el lugar donde estaban; pero, si los votan de todos a donde van, entonces, el problema ya no son los lugares, sino los que son votados de todos lados. ¿No sería eso un problema? ¿Y cuál sería el problema de los judíos de todos los tiempos que repiten siempre la misma historia de expulsados? Habría que inventarse una casa reformatorio muy especial, entonces, para este caso tan especial… ¿Será el judaísmo un problema? Porque, de hecho ningún otro pueblo a lo largo de la historia ha sido objeto de tantos pogroms, persecuciones y odios. ¿Y a qué se debe? ¿Será que esta etnia ha sufrido una evolución que no encontramos en ningún otro conjunto étnico-religioso?

No lo comprendía Pedro Pablo… Para empezar la primera expulsión de los judíos podría considerarse la de Adán y Eva del Jardín del Edén, si se partía del hecho de que la Biblia, la Torah o Pentateuco es netamente judío. A este punto Pedro Pablo se reía a carcajadas porque lo veía como una broma y un chiste, pero se podría pensar de manera extremista que hasta de esas dimensiones primigenias de la fe, los judíos fueron expulsados. Ciertamente era exagerado verlo de esa manera, pero no dejaba de ser, en todo caso, hasta interesante. Algunos han llegado a considerar que para mantenerse firme en valores que no sabe realizar, abstractos y utópicos, el judío se siente insatisfecho frente a todo orden positivo existente y contesta cualquier autoridad. Allí donde va se convierte en fermento de disolución cada vez con mayor frecuencia, pues al no tener punto de referencia aparece la figura del judío separado de la sinagoga, crítico respecto a las propias creencias de su pueblo e insatisfecho con todo posible orden social. Si se encuentra en un país comunista, será un disidente, con el Gulag como destino. Si ha nacido en tierras de Occidente, alimentará grupos anarquistas, maoistas o trotskystas durante los años sesenta. O en Latinoamérica alimentaría la guerrilla para desestabilizar, como sostenían algunos pensadores y escritores. En todo caso eran afirmaciones comprometedoras pero la cuestión estaba en el ¿por qué los judíos son expulsados de todos los lugares siempre según su propia historia? Por algo habría de ser. El problema era saber en concreto qué era ese algo.

La historia cuenta de expulsión de los judíos de Gran Bretaña, firmado por Eduardo I en 1290 y que según algunos historiadores aún se encuentra en vigencia, a pesar de que los judíos como otras minorías religiosas gozan de plena libertad de culto otorgada ya por primera vez por Edmond de Rothschild en 1858. En Francia expulsaron a los judíos en 1394; en 1492 los Reyes Católicos de España expulsaron de sus reinos a los judíos. Pero para hacer justicia a la historia también los musulmanes fueron expulsados de España, según datos, en 1609. En Portugal, en 1496 expulsaron a los judíos. También la Iglesia los expulsa de los Estados Pontificios con la bula Hebraeorum Gens, de fecha 26 de febrero de 1569, por el Papa Pío V. No es cuestión de entrar en detalles de la bula del Papa pues se caería en anacronismos históricos, aunque a todas-todas son hoy desmesuradas las medidas tomadas en ella. ¿Error? Los hechos son los hechos y éstos hacen la historia. Así, por ejemplo, antes de la reforma del Misal Romano hecha por Juan XXIII, en la 8ª intención de estas "Súplicas Solemnes", se oraba por los «pérfidos judíos» (¿oración judeofóbica?), aunque algunos sostenían que fue error de traducción del latín ya que lo en realidad, la expresión «oremus et pro perfidis Judaeis», traducida del latín significaba etimológicamente «recemos también por los judíos que no son fieles a nuestra fe». Esta corrección fue transmitida en circular por el Papa Juan XXIII en el año 1959 en su primera celebración como Papa de un Viernes Santo, y más tarde ratificada por el Papa Pablo VI, entrando en vigor en el nuevo misal, en el año 1970 (llamado “el Misal del Papa Pablo VI”). Es conocido también el encuentro entre el Papa Juan Pablo II y la comunidad judía a quienes llamó «nuestros hermanos mayores», en Roma el 13 de abril de 1986, y reiteró en su Catequesis en la audiencia general de los miércoles el 28 de abril de 1999.

Pero sin olvidar los planteamientos e inquietudes Pedro Pablo llegaba hasta un límite para intentar comprender los hechos y se preguntaba ¿si sería Cristo, el Mesías aceptado por los cristianos y negado por los judíos, quienes solamente admiten como un profeta más a los muchos de la historia de Israel, la diferencia? ¿Jesús de Nazareth, primero, y después el Cristo, el Mesías sería la diferencia, tanto de fe y de práctica de vida? No se negaba tampoco los abruptos de la Iglesia en su historia, pero el caso que le tenía entrampado los pensamientos era la cuestión judía y su apego a la creencia de la tierra prometida con toda las consecuencias de esa fe. Se sorprendía al comprender sin la menor duda “el genio judío” y el beneficio para la humanidad de ello, pero también verificaba lo contrario con su negación de toda supremacía de la persona humana y sus conquistas en aras de sus propios intereses. Muy interesante resultaba para Pedro Pablo el pensar en encontrar material de estudio donde se analizara la psicología judía, teniendo en alta consideración que no se podía concebir igualmente la idea de un judío sin relación con la Torah, y así, entre otras cosas podía entresacar que los judíos de todos los tiempos, aún los pretendidos ateos, viven de acuerdo a dogmas incuestionables, son muy cerrados, ya que están subyugados a un conjunto de mitologías e historias fantásticas, y no pueden pensar por sí mismos, carecen de capacidad de elección y espontaneidad, ya que todo tiene que ser como y cuando la Torah lo dice; incluso hasta en lo que respecta a las relaciones íntimas. Y eso ya era un adelanto al tratar de comprender la psicología de los judíos, para comprender y tipificar ya una diferencia. Tal vez, no tendría razón, pero no andaba lejos, Pedro Pablo.

Pedro Pablo estaba dando pasos agigantados sobre esta ultima posibilidad al cuestionarse sobre qué era lo que hace a los judíos diferentes, si en verdad es que lo sean, y aquí concordaba con la pregunta de muchos autores como Paúl Johnson en su libro Una historia de los judíos (a history of the Jews) ¿La Torah y su estudio y meditación? ¿O algún método especial de leer y meditar la Torah? O como decía Paúl Johnson en forma de pregunta, ¿en dónde está el poder de los judíos, que los hace diferentes y homogéneos, será en su capacidad de inmutarse o en su capacidad de adaptación, o en las dos? Parecía que Pedro Pablo estaba llegando a lo que quería en sus inquietudes y en sus profundidades; y en su reflexión y estudio meticuloso al respecto, había llegado a la idea del “dáat”, considerado como “el fundamento de los fundamentos y la columna vertebral sobre la que se reposa el Judaísmo”. ¿Qué sería el “dáat”, un método, un don, un ejercicio, un arte que se cultiva, una escuela, o algo más que todo eso, sin descartar nada y ninguno de todo lo dicho en la pregunta? Si es un don, ya se posee por naturaleza, ¿entonces, los judíos ya lo poseen en sus propios genes, de generación en generación enriqueciéndose más con toda la herencia evolutiva de más para más y así siempre? Si es un método, se puede, entonces aprender con formación y preparación, ¿y los judíos la enseñan a los suyos y en exclusividad? ¿Será el “dáat” lo que tipifica y diferencia a los judíos del resto de las etnias de la raza humana? ¿Qué es el “dáat”? ¿Es exclusivo de los judíos o los judíos han descubierto que es algo común a todo el género humano y ellos le han sabido sacar más partido y provecho que las demás etnias de la raza humana?

Pedro Pablo no daba descanso a su alma y a sus inquietudes desde hacía buen tiempo y se adentraba más. Tal vez, sin saberlo eso que estaba haciendo era un ejercicio del “dáat” y en cierta manera se estaba beneficiando de lo que andaba buscando. Resonaba en Pedro Pablo el famoso mandamiento por el que le preguntó un letrado a Jesús de Nazareth sobre qué tenía que hacer para tener la vida eterna (poniendo a prueba a Jesús) y Jesús le había contestado que, «Escucha Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo», en continuidad con lo que se enseñaba en las escrituras judías; entonces, Pedro Pablo se preguntaba si eso no sería el “dáat”. Por supuesto que Pedro Pablo aplicaba ese mandamiento al caso de los judíos y al ver todas las atrocidades de la invasión en Gaza, según las noticias, comprobaba que la aplicación quedaba incompleta, porque faltaba el amar al prójimo como a uno mismo. Y, tal vez, sin estar en lo cierto, pero no lejos de ello, comprendía que se podía llegar al máximo de la madurez de la conciencia en su proceso de crecimiento, pero que de ahí a pasar al retroceso había una pequeña distancia; y, era, entonces, cuando se entraba al proceso inverso de la evolución; es decir, la involución. Tal vez, eso era lo que sucedía con los judíos de ahora y de todos los tiempos. Tal vez la frase utilizada para justificar el amor y el odio como sentimientos hermanados cobraría significado cuando se solía decir “que entre el amor y el odio, sólo hay un paso”; pero, sería admitir el antagonismo en un sentimiento y por consiguiente aceptar la división. Y el ser humano no es antagónico, a pesar de que se hubiese olvidado esa verdad psicológica. Por lo menos así lo sentía y lo pensaba Pedro Pablo. 

El dáat estaría en relación con la mente que tiene dos partes, una externa u ojo externo y la otra visión interior u ojo interno. El ojo externo se define mediante las palabras. El ojo interno es dáat-conocimiento, y capta las cosas tal como son sin ser medidas, probadas o expresadas. El dáat es una experiencia sin explicación. Tal vez la propia intuición. El dáat es interno, es el yo real y no se puede duplicar; mientras que lo externo puede ser duplicado. Dáat es una comunicación intima, y la Toráh llama al conocimiento ya que la mente interna y conocimiento están unidos entre sí. Dáat es el recipiente de la conciencia de una realidad trascendental. Tal vez dicho en palabras y experiencias de Freud, sería lo mismo a decir “inconsciente”, porque el inconsciente es lo objetivo, lo real, lo verdadero. Tal vez. Esto tenía a Pedro Pablo más que fascinado porque era para estarlo. Pero era más profundo de lo que ya estaba el asunto. Eso le llevaba a meterse en las profundidades de la espiritualidad judía y ver la alianza inseparable de la relación “Jojmá-Biná-Dáat”(según lo explicaba en un estudio hecho por el Rabino Jacob Immanuel Schochet) y que sería lo mismo que las tres facultades en el intelecto humano de Sabiduría, Entendimiento y Comprensión. Común a todo el género humano. Así, desde esa experiencia se dice y se experimenta que Jojmá se corresponde con el destello intuitivo de la iluminación intelectual: la idea original propiamente dicha. Es la idea seminal, el “pensamiento interior”, los detalles que aún no fueron diferenciados y externalizados; aún no fueron procesados y se encuentran intensamente concentrados en el destello intuitivo. Cuando se medita acerca de la idea, sus implicaciones y detalles resultarán revelados; la idea se entenderá. Los elementos individuales ocultos en el destello original entonces se externalizan y se tornan manifiestos en la mente. Esta es la facultad y el estado de Biná (entendimiento).Biná es realmente la expansión y elucidación de Jojmá, y ésta “se vuelve sabida únicamente mediante Biná”. La definición estándar de la facultad de Biná es “Entender o deducir una cuestión de otra”. Sin embargo, Jojmá y Biná por sí mismos son abstractos. El concepto está allí y es claro en la mente. Pero está sólo en la mente, internamente, mientras que externamente es inaudible e invisible. Por sí mismo, en la mente, no conduce a ninguna conclusión, no está plenamente concretado. El concepto, sabiduría y entendimiento, son un poder potencial que precisa ser concretado, pero todavía no lo fue. Además, Jojmá y Biná son dos facultades separadas: el destello intuitivo del conocimiento intelectual (Jojmá) puede estar allí, y así es con el poder de deducción (Biná), el poder de comprender este destello. Estos dos estados —la unión de Jojmá con Biná, y la implementación práctica del concepto informado— se logran mediante la facultad de Dáat. Dáat es “apego” o “unión”. Así, Dáat es el principio unificador que junta y combina las facultades de Jojmá y Biná. Este principio unificador se llama Dáat Elión, pues trasciende a Jojmá y Biná. Pero no es suficiente ya que no es sólo comprenderlo y entenderlo sino sentirlo y es lo que se sucede en el siguiente proceso de Dáat, que es la facultad de Dáat Tajtón. Es la plena preocupación con el concepto captado y entendido hasta lograr una intensa unión entre el intelecto y las emociones (Séjel y Midot) y llevar la idea a su lógica conclusión en la aplicación práctica. Es la profunda concentración interior entre devoción y sensibilización. Se capta, se comprende y se siente. Sería a decir en otras expresiones que sea una experiencia subjestiva, es decir, que involucra a toda la persona para generar el cambio necesario. En general dáat opera en dos niveles: El nivel superior conocido como dáat elión ("conocimiento supremo") o dáat haneelam ("el conocimiento oculto"), que sirve para asegurar la continuidad del nexo entre los dos poderes superiores del intelecto -jojmá y biná; y el nivel inferior referido como daat tajtón ("conocimiento inferior") o daat hamitpashet ("conocimiento que se extiende"), que sirve para conectar el intelecto como un todo con el reino de la emoción, lo que acrecienta la propia determinación, resolviendo actuar en concordancia con las verdades esenciales que uno a incorporado en la conciencia. En donde todo el ser queda involucrado: mente, corazón y acción, es decir, una experiencia totalmente envolvente. ¿Pero esa experiencia es exclusiva de los judíos? Parecería un poco a lo que dice Daniel Goleman en su libro Inteligencia social, del paso del camino bajo hacia el camino alto. Parecería lo que en la actualidad está diciendo la psicología en el proceso de sanación interior. Parecería. O incluso lo mismo de la logoterapia de Víctor Frankl.

Esto pareciera ser la clave para entender a los judíos de todos los tiempos, porque repitiendo esa experiencia de Sabiduría, Entendimiento y Comprensión en su experiencia religiosa se apegan indudablemente a la vivencia encarnada y visceral de la Torah. Esa es la diferencia. Se les desarrolla la intuición, pero la intuición hecha comprensión con la reflexión y hecha vida con el sentimiento. Pero con la propiedad de estar sin tierra y lejos de la tierra prometida que es su anhelo y aspiración, que es entre otras cosas transmitidas por la misma Torah. Pero con la nota específica de “escucha, Israel”. En el “escuchar”, aún cuando no se entienda, primero. Adentrarse en ese escuchar y repetirlo con el típico movimiento en la oración cuando oran los judíos, una y muchas veces. Eso va interiorizando e interiorizándose ayudado con el movimiento del cuerpo, que supone la mente y la disposición. En la repetición de la frase escogida, tal vez, sea el inicio del desarrollo de su profundidad y de su inteligencia en el estudio de la Torah y va dando una agudeza en el entendimiento y una certeza en el sentimiento, generando convicción personal y desarrollo mental. Tal vez, sea en ese movimiento cadencioso parte del método para aligerar y desarrollar la comprensión y la adhesión a la Torah, sea cualquiera el lugar donde se estudie o se lea, ya en el Muro de las Lamentaciones, o en cualquier otro lugar, ya por un Rabino, ya por el que la lea, Rabino o no. Este movimiento tiene sus razones: primero como precepto, ya que está escrito, que: "Todos mis huesos dirán: ''Oh el Eterno, ¿quién hay como Tú?..." (Salmos 35:10). Por lo tanto, al momento de compenetrarse en la comunicación con el Eterno, hasta los huesos (el cuerpo entero) quiere ponerse a alabar, de modo tal que el cuerpo salta, bailotea, se estremece en júbilo de glorificación. Después se trata de una disposición consciente ya que el reconocerse en Presencia del Eterno, voluntariamente abriéndose por completo ante Él, es algo que produce un escalofrío (en aquel que es sincero en su rezo), por lo cual el organismo tiene una necesidad (fisiológica) de descarga energética, que se traduce en el zarandeo corporal. El mecerse es rítmico, lo que induce a abstraerse de las interferencias, y concentrarse en el ritmo del rezo, de la comunicación con Dios. Es una especie de mantra corporal. Es un acto reflejo de descarga nerviosa, tal como los que intranquilamente brincan en cualquier otra circunstancia estresante. El movimiento mantiene a la persona apartada de la modorra, que es contraria a rezar con empeño y sentido. Además, por una razón práctica ya que en la antigüedad los libros eran escasos, por lo que muchas personas debían compartir el mismo libro, al mismo tiempo. Eso producía la necesidad de estar meciéndose constantemente, para aproximarse al libro para leer y alejarse para que otro pudiera acercarse. Con el paso de las generaciones, se impregnó el movimiento como costumbre atávica y desconectada de su primordial origen; es decir, se convirtió en costumbre y se hace instintivamente de manera natural en sus rezos, generando todo lo positivo que esa práctica conlleva. Y todo eso sumado a la maravillosa simbología de la Menorá, el candelabro de los siete brazos, es realmente admirable la espiritualidad de los judíos. Pero no es exclusivamente de los judíos ya que los mismos árabes-musulmanes también realizan esas prácticas religiosas al leer y estudiar el Corán o al orar, que consisten en recitaciones del Corán en árabe y una secuencia de movimientos: pararse, inclinarse, postrarse y sentarse. Todas las recitaciones y movimientos expresan sumisión, humildad, y homenaje a Dios. Las varias posturas que los musulmanes realizan durante las oraciones capturan el espíritu de sumisión; las palabras les recuerda su compromiso con Dios.

Pero Pedro Pablo no se apartaba de sus inquietudes a pesar de su gran avance y volvía a preguntarse sobre la diferencia de un judío del resto de las etnias de la raza humana. Había avanzado mucho y creía en que la diferencia estaba en la práctica de la respuesta de Jesús al letrado y que era el recordatorio de las escrituras judías. Tal vez en eso consistía la diferencia radical y la clave de todos los logros del “genio judío”, pero también su inicio en el regreso en el paso de la involución; es decir, en el complemento de la respuesta, sin el que la respuesta y la práctica queda sin la conexión que es “el amar al prójimo”. Tal vez, los judíos de todos los tiempos se han aferrado a lo primero y han logrado lo que han logrado, pero, han sacrificado lo segundo. Y ahí podría estar la diferencia. En aras de un amor a Dios por sobre todas las cosas se haya olvidado que ese amor se concreta en el prójimo. Quizás esa sea la separación del resto de los judíos de Jesús de Nazareth. Y, tal vez, esa sea la razón de la ruptura. Al aceptar a Jesús, sólo con el cumplimiento de todo el precepto de la Torah, pero sin el complemento que lo explica, entonces, Jesús no pasa de ser un profeta más; mientras, que los que lo siguieron comprendiendo el complemento e intentando aplicarlo en la práctica fueron y son los que aceptan a Jesús de Nazareth, después de su muerte y resurrección como el Mesías, el enviado, el Cristo. Tal vez. Y Jesús de Nazareth se convierte en la evolución sin la involución y por consiguiente el modelo y prototipo de la humanidad, a la que tiende todo por fuerza evolutiva natural, sin negar su divinidad, que es la clave de su realidad. Tal vez.

La clave la encontraba Pedro Pablo en la relación evolución-involución y el punto que unía o desunía era el ver a cada integrante del género humano como un hermano, no como un enemigo, así fuese en aras de un supuesto amor a Dios, porque es un complemento y no una parte solamente. ¿La evolución estaría en vez al otro como un hermano a pesar de ser contrario; y la involución sería ver al otro como el enemigo al que habría que arrasar, sin el menor cargo de conciencia por el dolor en contra de la humanidad? ¿Ahí estaría la clave de la evolución y de la involución, en donde el otro sería hermano (evolución) o enemigo (involución)?

Tal vez… Y en estas andaba Pedro Pablo… ¿Prevalecería lo primero y nada de lo segundo? Más en esos días en que las cosas sobre Israel eran para poner a dudar muchas cosas sobre los judíos. Lo curioso era que en esos días la Menorá de los judíos había sufrido un pequeño cambio en su diseño. Normalmente la Menorá (distinto de la Janukiá, que tiene nueve brazos) tiene todos los siete brazos de igual tamaño y cada brazo sirve para colocar una vela o una luz. Pero el de esos días el brazo del centro no era para como candelabro para colocar allí una luz o una vela encendida, como debería ser lo lógico; sino, que aparecía la estrella de David, por lo menos en la Sinagoga de Colonia, Alemania. ¿Era un simple error o estaba significando un cambio de comportamiento? ¿Ya no sería Yahveh o Dios el centro de la alabanza, sino el reinado de un Estado del que el Rey David sería el prototipo a costa de lo que fuera, llevándose a quien fuera por delante? ¿Sería David-Goliat otra vez o el Mar Rojo o las siete plagas de Egipto? ¿Estarían llegando al punto extremo y máximo de la evolución y estarían empezando el retroceso como siempre pudiese haber ocurrido con ese pueblo, ayer y siempre? ¿Y sería en ese descenso de involución cuando tienen que expulsarlos de todos los sitios porque lo que les importaría sería el culto a Dios, sin el complemento, que es el amor al prójimo, por distinto y diferente que sea? ¿En verdad eso ha sucedido siempre con los judíos en todos los tiempos, y eso mismo sucedió con el mismo Jesús de Nazareth a quien quitaron de en medio porque era comprometedor el amar al prójimo, y lo que tenía que prevalecer era el amor a Yahveh, y por eso la separación y el deslinde forzoso de un antiguo de un nuevo Testamentos? ¿Entonces es el judaísmo una religión negadora de la persona humana en aras de una depurada y amputada fidelidad a un Dios antihumano? ¿No será eso una gran contradicción en sí mismo como religión? ¿Será que Dios es como se ha presentado en la historia guerrerista del pueblo de Israel y es su aliado, o habrá que separar lo que es revelación teológica en la propia Biblia de la historia de Israel que en nada se acercan sino para manipular al mundo como siempre lo han hecho? ¿Habría que quitarle a los judíos hasta la pretensión de ser el pueblo escogido por Dios y hacerles el favor de desdeizarlo para que no solamente queden desterrados sino también sin Dios, porque esos dos hechos le han hecho tanto daño, y desde esa realidad han hecho tanto daño siempre? ¿Dios habrá muerto ya para los judíos, como lo declarara Nietzche en su obra Así habló Zaratustra, declaración de un judío para los propios judíos? ¿Serán los judíos la proyección del famoso nihilismo promulgado por Nietzche, la negación de la idea de Dios y de todo sentido de trascendencia, y sería la aplicación del superhombre, idea y necesidad, propuesta por el mismo autor? ¿El binomio Dios-hombre no es necesario, sino Dios-Dios, por un lado, y por otro, hombre-hombre, y como Dios sería invención del hombre, lo que queda es el hombre por sobre todas las cosas, pero sin la relación y la referencia a Dios, de quien es el complemento y explicación? ¿Dios-hombre como complemento y explicación no aplicaría para la propia religión judía?¿Sería por eso que Jesús de Nazareth marcó la separación y la diferencia y les sacó en cara que el amor a Dios estaba incompleto si no se amaba al prójimo, al que había que perdonar hasta setenta veces siete, y amar y amar siempre hasta dar la vida por él y por la humanidad, aunque tampoco había que ocultar las atrocidades de los seguidores de Jesús en el transcurso de la historia? ¿La diferencia estaría en que para amar al prójimo, especialmente aún cuando fuese enemigo, hay que morir en el sentido teológico-existencial, al negarse las fuerzas primitivas animales de venganza y odio, para después resucitar en la paz y la convivencia, y eso justamente, era lo que les estaría faltando a los judíos de siempre? ¿Ahí estaría el todo del todo de la problemática de los judíos muy de fe y aún sin ella en la historia? El análisis era complicado, pero no por eso carente de sentido y de lógica. Más bien parecería acertado. Y era cuando Pedro Pablo sin comprender del todo llegaba a pensar que se necesitaría un Freud para tratar a los judíos y pudiesen sacar al plano consciente sus tabúes y frustraciones y buscar su sanación interior. No solamente a un Freud, sino también a un Víctor Frankl con su famosa logoterapia para buscar un proceso de salud mental para los judíos. Es decir, buscar a unos judíos declarados ateos para sanar al resto de los judíos declarados creyentes. También habría que apelar a la ayuda de un Woody Allen para que con sus conflictos ayudase al resto de los judíos. Tal vez, la misma ayuda del aporte de Daniel Goleman con su libro Inteligencia emocional, para llegar a lo de “la amígdala cerebral”, complementado, por supuesto con su otro libro de Inteligencia social, para hacer el paso necesario del camino bajo hacia el camino alto, de las sensaciones suprarrenales hasta la racionalización de esos instintos bajos y poder sanar el contenido acumulado en la amígdala cerebral, re-creando una situación nueva sobre la vieja acumulada en los recuerdos. ¿Tal vez les estaría faltando a los judíos “la amígdala cerebral” como dice Goleman , pues la función de la amígdala cerebral es ser la especialista en asuntos emocionales? Si la amígdala queda separada del resto del cerebro nos llevaría a una “ceguera afectiva” porque perderíamos toda capacidad de emociones frente a los acontecimientos. Y si eso sucede se pierde todo interés por la vida porque nos llevaría a perder toda capacidad de reconocer los sentimientos, así como todo sentimiento por los sentimientos. La amígdala actúa como depósito de la memoria emocional y tiene mucha importancia por sí misma; la vida sin amígdala cerebral es una vida sin significados personales. Sería una total apatía e indiferencia. Sin la amígdala nos quedaríamos impasibles y sin respuestas al afecto, como a las mismas pasiones, como el miedo y la furia (como en el caso de los animales a los que por experimento se les ha extirpado o cortada la amígdala). Hasta se perdería la capacidad de derramar una lágrima porque hay ausencia de emociones, y ni un abrazo tendría sentido y valor. La amígdala está en el centro de la acción de la emociones incluso mucho antes que el cerebro pensante (la neocorteza) está intentando tomar una decisión. ¿Sucedería eso con los judíos, sobre todo, ahora con lo de la invasión a Gaza? ¿Su evolución sería haber llegado al máximo de la conquista de la mente con su desarrollo por su método de oración, el “dáat” y esas experiencias, pero su máximo sería el inicio de su regreso, al carecer del más mínimo sentido de humanidad, o de carecer de la experiencia del otro como el prójimo, y tenía que sucederse, entonces, la ruptura del judío Jesús de Nazareth de los demás judíos? En caso de ser así, entonces, ya sería un problema de estructura cerebral congénito y habría que someter a todo judío o a terapia o a reconstrucción de “la amígdala cerebral”, y se necesitaría a muchos Freuds, por un lado, y a muchos neurólogos aún judíos, por otra parte. Muy complicada la cosa. O sea, que los judíos tienen mucho de inteligencia racional y poco de inteligencia emocional en caso de aplicarse en la comprobación lo que dijese Daniel Goleman, y que según los nuevos parámetros de la psicología la inteligencia consiste en saber dominar las reacciones viscerales o sistema límbico y llegar con la inteligencia cerebral dominarse para mejorar la convivencia social. En donde primero sea sentir y después pensar y eso sería lo mismo a cumplir el complemento del mandamiento de amar a Dios en el prójimo. Muy complicado.

Pedro Pablo estaba en las que estaba y su avance no dejaba de ser un impacto e impactante. Y lo era. Y lo es.

¿O tendría razón Freud cuando en septiembre de 1932 le escribe una carta de contestación a Albert Einstein, diálogo entre físico y psicólogo (Einstein le dirige una carta a Freud fechada el 30 de julio de 1932, autorizado por la Liga de las Naciones y de su Instituto Internacional de Cooperación Intelectual en París) y donde le recuerda, preguntando sobre por qué la guerra, y que según su hipótesis de los instintos humanos son sólo de dos tipos: los que tratan de preservar y unir, con una deliberada ampliación de la concepción popular de "sexualidad", y los que tratan de destruir y matar y que se agrupan como instinto agresivo o destructivo? Es de suponer que esa consulta es antes de la creación de organizaciones a favor del hombre. Tal vez antes de la ONU, y otras en defensa de los derechos humanos. En esa misma carta Freud después de la sorpresa de que Einstein lo invitase a participar en el diálogo sobre qué podría hacerse para defender a los hombres de los estragos de la guerra y comprender después Freud que se trataba de un aporte desde la psicología, le contesta a Einstein que el origen está en la violencia o el poder del más fuerte para dominar o imponerse sobre el oponente, o matándolo o sometiéndolo a su voluntad, dando origen a la fuerza de los instrumentos para el poder como las armas. O sea la ley del más fuerte físicamente ya de los músculos ya de las armas y su perfeccionamiento para seguir manteniendo el poder y el sometimiento, y ya el sometimiento es, al fin y al cabo, la misma imposición de la fuerza. Es entonces cuando el débil busca organizarse y en la declaración de los derechos busca con el intelecto invertir la dominación pues en la unión está la fuerza (“L'union fait la force”) y es el derecho el que pasa a dominar venciendo la violencia, pero sigue siendo una violencia pronta a dirigirse contra cualquier individuo que le haga frente; trabaja con los mismos medios, persigue los mismos fines; la diferencia sólo reside, real y efectivamente, en que ya no es la violencia de un individuo la que se impone, sino la de la comunidad. Pero en esa unidad de la comunidad debe prevalecer – según el contenido de la carta – pues las circunstancias son simples mientras la comunidad se compone sólo de un número de individuos de igual potencia. Las leyes de esa asociación determinan entonces la medida en que el individuo debe renunciar a la libertad personal de aplicar su fuerza como violencia, a fin de que sea posible una convivencia segura. Hay un problema – según se desprende de la contestación de Freud – y es que el derecho puede entonces adecuarse poco a poco a las nuevas relaciones de poder, o, lo que es más frecuente, si la clase dominante no está dispuesta a dar razón de ese cambio, se llega a la sublevación, la guerra civil, esto es, a una cancelación temporaria del derecho y a nuevas confrontaciones de violencia tras cuyo desenlace se instituye un nuevo orden de derecho. Y en este punto Pedro Pablo se quedaba pensando en la razón de ser y de existir de la ONU, si es que fuese esa consulta antes de esa organización y la justificación para ella, y se cuestionaba si la ONU había hecho cambios o nada había cambiado desde la ONU o estaba simplemente de adorno para justificar la violencia del poder, ya no del derecho, sino del poder-poder. ¿O era la permanente psicológica de las dos fuerzas y pulsiones, la de la vida y la de la muerte, como si fuese un resorte; es decir, ya se llegó a todo el estiramiento y tiene que darse necesariamente el desestirarse, porque es natural que así sea?

Entonces, la involución sería natural. Pedro Pablo se inquietaba más de lo que ya estaba y parecía no comprender lo que estaba casi comprendiendo, pero que no. Entonces, faltarían muchos Jesús de Nazareth con su precepto complementario de “amor al prójimo”, como la clave de todo, a pesar de todo y por sobre todo, independientemente de Iglesias o credos, sino en el más estricto apego al mensaje de Jesús, sin mediaciones e interferencias. Pedro Pablo volvía a rascarse la cabeza cuando se la rascaba ante estos acontecimientos…. Y quedaban vigentes las palabras de la carta de Einstein a Freud, ahora ya no de Freud a Einstein, sino lo que inquietaba al físico al preguntarle al psicólogo: “¿Cómo es que estos procedimientos logren despertar en los hombres tan salvaje entusiasmo, hasta llevarlos a sacrificar su vida? Sólo hay una contestación posible: porque el hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción. En épocas normales esta pasión existe en estado latente, y únicamente emerge en circunstancias inusuales; pero es relativamente sencillo ponerla en juego y exaltarla hasta el poder de una psicosis colectiva. Aquí radica, tal vez, el quid de todo el complejo de factores que estamos considerando, un enigma que el experto en el conocimiento de las pulsiones humanas puede resolver”. Y esa era la consulta que hacía el físico al psicólogo, ambos judíos, uno sionista y el otro ateo; ambos inventores y científicos. A esas alturas Pedro Pablo no sabía a quién acudir, si al psicólogo o al físico, o seguir sus propios pensamientos….Hasta Daniel Goleman, autor que tanto le había marcado en su vida y que tanto bien le había hecho, también era judío. Tal vez habría que recomendarles a Freud y a Einstein que es posible el paso del camino bajo al camino alto, complementado por su colega Goleman, en un proceso del dominio de las reacciones límbicas o instintivas para llegar a la inteligencia emocional y por ende a la inteligencia social (visión mental y ceguera mental de las que habla en su libro Inteligencia social), y que no es otra cosa que la aplicación en la práctica del mensaje de Jesús de Nazareth, también judío…

En todo caso, Freud tenía razón con su teoría del complejo de Edipo, y esta vez aplicada a sus hermanos judíos. El complejo de Edipo consiste entre otras cosas en el deseo del hijo de matar al padre. Y según los acontecimientos se estaba haciendo realidad ese complejo. La ONU es el padre de la creación del Estado de Israel, en Tel-Aviv, con la Resolución 181. Ante los acontecimientos de Gaza, del 2008-2009, el padre le había mandado al hijo hacer cese al fuego, y el hijo había matado al padre al no obedecerle ni en lo más mínimo y al decir que le dejara a él hacer lo que le correspondía hacer…Israel había atacado sin acatar las peticiones de la ONU algunos refugios de la misma ONU en Gaza…

Las ironías… A este punto Pedro Pablo para cerciorarse repasaba sus dudas y para asegurarse de que todavía estuviesen con él, tomó el respectivo tomo de Dostoyevsky, del libro Los hermanos Karamasov, para repasar un diálogo interesante y que era: 


— Solicito de nuevo que dejemos este tema —dijo PiotrAlejandrovitch —. Pero antes permítame contar otra anécdota sumamente típica e interesante, relacionada con Iván Fiodorovitch. Hace cinco días, en una reunión en la que predominaba el elemento femenino, manifestó con toda seriedad, en el curso de una discusión, que ninguna ley del mundo obliga a las personas a amar a sus semejantes, que ninguna ley natural impone al hombre el amor a la humanidad, que si el amor había reinado en la tierra no se debía a ninguna ley natural, sino a la creencia en la inmortalidad. Iván Fiodorovitch añadió que ésta era la única ley natural; de modo que si se destruye en el hombre la fe en su inmortalidad, no solamente desaparecerá en él el amor, sino también la energía necesaria para seguir viviendo en este mundo. Además, entonces no habría nada inmoral y todo, incluso la antropofagia, estaría autorizado. Y esto no es todo; terminó afirmando que, para el individuo que no cree en Dios ni en su propia inmortalidad, la ley moral de la naturaleza es el polo opuesto de la ley religiosa; que, en este caso, el egoísmo, incluso cuando alcanza un grado de perversidad, debe no sólo ser autorizado, sino reconocido como un desahogo necesario, lógico e incluso noble. Oída esta paradoja, pueden juzgar lo demás, señores; pueden formar juicio sobre lo que nuestro extravagante Iván Fiodorovitch se complace en proclamar, y acerca de sus intenciones eventuales.

— ¿He entendido bien? — exclamó de súbito Dmitri Fiodorovitch—. «La maldad, para el ateo, no sólo está autorizada, sino que se considera como una manifestación natural necesaria y razonable. » ¿Es esto?

— Exactamente —dijo el padre Paisius.

— Lo tendré presente.

Dicho esto, Dmitri Fiodorovitch enmudeció tan repentinamente como se había mezclado en la conversación. Todos le miraron con curiosidad.

— ¿Es posible que vea usted así las consecuencias de la desaparición de la fe en la inmortalidad del alma? —preguntó de súbito el starets a Iván Fiodorovitch.

— Sí, yo creo que no hay virtud sin inmortalidad.

— Si piensa usted de ese modo, es feliz, o tal vez muy desgraciado.

— ¿Por qué desgraciado? —preguntó Iván Fiodorovitch con una sonrisa.

— Porque, según todas las apariencias, usted no cree en la inmortalidad del alma ni en nada de lo que se ha escrito sobre la Iglesia.

— Tal vez tenga usted razón. Sin embargo, no he hablado en broma — manifestó Iván Fiodorovitch enrojeciendo ante esta singular declaración.

— Cierto: usted no ha bromeado. Expone una idea que todavía no se ha resuelto en su corazón y que le tortura. También al mártir le gusta a veces recrearse en su desesperación. Por el momento, es la desesperación lo que le lleva a usted a distraerse con artículos y conversaciones de sociedad, sin creer en su propia dialéctica y sonriendo dolorosamente en su interior. Esa cuestión no está todavía resuelta en usted, y ello le atormenta porque reclama urgentemente una solución.

— ¿Pero puede esa cuestión resolverse en mí, resolverse en un sentimiento positivo? —preguntó Iván Fiodorovitch con extraño acento y mirando al starets con una sonrisa inexplicable.

— Si no se resuelve positivamente, tampoco se resolverá nunca en un sentido negativo. Usted conoce esta propiedad de su corazón. Esto es lo que le tortura. Pero dé gracias al Creador por haberle dotado de un corazón sublime, capaz de atormentarse de ese modo, de pensar en las cosas del cielo y de investigarlas, pues allí está nuestra morada. Que Dios le permita encontrar la solución aquí abajo y que bendiga sus caminos.


Pedro Pablo comprendía y no entendía; entendía y no comprendía, todo al mismo tiempo… ¿Entonces, todo era por falta de fe, o por mucha fe? ¿Fe en qué y en quién, por fin? ¿O sería que Dios habría muerto y tendría razón Nietzche al proponer al superhombre como el sustituto? ¿Habrá muerto la idea de todo sentido de trascendencia y ya no existen valores absolutos y hay que verse como enemigos a quienes hay que eliminar porque sí, en aras de un supuesto Dios, invento del genio humano, y ya se llegó la hora de desenmascarar esa invención porque no es más que una idea? Y como la moral tiene que ser sustituida por la verdad, según el propio Nietzche, y la verdad es que no existe sino el hombre… entonces, los judíos estarían y andarían en lo cierto… Y tendría sentido en el que en mucho amar a Dios sin la complementación que es el hombre, y su explicación connotativa, pues lo lógico, entonces, sería eliminar a Dios, para quedarse con el hombre definitivamente; e igualmente, quedaría faltando el complemento que ahora sería Dios…. Complicado para Pedro Pablo… Tal vez la propia Torre de Babel… O, tal vez, Babel en la Torre… A este punto Pedro Pablo se impresionaba y se iluminaba al comprender y mirar al pueblo de Israel con dos miradas especiales: una como la de una etnia, y la otra como una nación. En la parte de la etnia la veía como una cultura cargada de Dios toda ella; y como nación la veía como un poderío tal vez hercúleo a la que no se le podría hacer frente bajo ningún aspecto por su fuerza, y entonces, recordaba las palabras tal vez enigmáticas y videntes de un judío sobre su propio pueblo como Shlomo Sand en su libro Cuándo y cómo se inventó el pueblo judío quien decía que en la actualidad el sionismo conserva su carácter etnoreligioso y cree que eso destruirá el Estado de Israel, ya que una cuarta parte de los ciudadanos de Israel no son judíos, y el sionismo no reconoce a los "israelíes" no judíos y esto no puede continuar. Incluso si Israel sale de los territorios ocupados no habrá calma. Los árabes están viviendo en un Estado que dice que no es de ellos, en cuyo himno nacional se habla del "espíritu judío". 

Pedro Pablo se rascaba la cabeza…

 




Comentarios

Entradas populares de este blog

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 19